40. La tentaba I
Ana Paula Lago
Después de ver a Lily marcharse con el corazón hecho trizas, sentí un vacío en el pecho que me oprimió hasta la garganta. Mi amiga, siempre tan fuerte, altiva y llena de luz, ahora parecía una sombra rota que apenas podía sostenerse en pie. Me giré entonces hacia Arturo. Sus ojos me buscaron, reflejando una mezcla de compasión y gravedad.
—Ella estará bien, se ve que es una mujer fuerte. Lamento mucho lo que le hicieron pasar —dijo, y su voz, serena, pero firme, me transmitió al