Sabrina se despertó abruptamente, su mirada confundida al sentir los golpes insistentes en su puerta. Por un momento, pensó que era Joaquín, desesperado por refugiarse en su habitación tratando de huir de su padre abusivo y alcohólico. Una risa amarga escapó de sus labios, se sintió demasiado estúpida por pensar aún en un hombre que la abandonó sin una pizca de sentimientos.
—¿Quién es? —Preguntó con voz somnolienta.
—Soy Sussy, la ama de llaves —la voz de la mujer sonaba alegre.
—Pase Sussy —