Me sujetó del brazo.
—Daniela, tú sabes que te amo. Lo de Sofía y yo fue una tontería, si no fuera por su mamá, ¡jamás me habría casado con ella!
Me solté de su agarre y lo miré sin decir palabra.
Entre sollozos, me gritó:
—¡Fue por ayudarla! ¡Por su mamá! ¿De verdad ibas a dejar que una pobre mujer muriera sin cumplir su última voluntad? ¡Ustedes los ricos son unos miserables insensibles! ¡No entienden nada de lo que sufrimos la gente como nosotros!
Mientras gritaba como loco, una figura se abr