Se me escapó una risa amarga.
—¿De verdad quieres cumplir tu promesa?
Ricardo asintió con solemnidad.
—Sí.
—Da… quiero que me des una oportunidad. Aunque no te divorcies de Carlos, quiero estar contigo... para siempre.
Jugueteé un poco con el candado entre mis dedos, mi sonrisa se hizo más profunda.
—Entonces deberías buscar a Sofía… después de todo, el nombre grabado en el candado es el suyo.
Ricardo se quedó pasmado; incrédulo, me arrebató el candado para verlo de cerca.
«Quizá ni se acordaba