Amelia había escuchado gritos provenientes de la habitación de su hija, por lo que intuyó que ambos hermanos estaban riñéndose. No era difícil saberlo, luego de haber presenciado la manera en que Alexander había llegado, el hombre se notaba completamente enfurecido en cuanto cruzó la puerta.
Toda esa situación le parecía bastante triste, puesto que ambos hermanos no solían mantener una relación tan pésima, pero últimamente lo único que hacían era discutir.
A su memoria llegó un recuerdo bonito