—¿Quieres ir a otra parte?—la invito aquel joven de cabellos castaños y ojos marrones.
Era alto, de sonrisa amable y de una mano que se extendía hacia ella en una muestra de caballerosidad innegable.
—Sí—dijo con cierto temblor en su voz.
Era la primera vez que aceptaba la invitación de alguien. Luego de salir de su trabajo en aquella cafetería, y de una semana plagada de exámenes, lo único que le apetecía era un tiempo de relajación. Ese chico estaba dispuesto a dárselo, aunque la imagen de A