—Tardaste—señaló Hazel cuando vio entrar a Alexander en la habitación media hora más tarde.
—Disculpa, mi amor, no quise hacerte esperar tanto.
La chica hizo una mueca, de alguna forma, se sintió culpable. Había pasado tres días recluida en ese centro clínico y él no se había separado de ella en ningún momento.
«No es suficiente», era lo único en lo que podía pensar.
—Estás cansándote de mí, ¿cierto?
—Pero ¿qué cosas dices, Hazel? Nunca me cansaría de ti, por favor, no vuelvas a repetirlo.