Ocho días habían pasado desde la última vez que Bianca pisó la mansión. Ocho días de silencio, de ausencia, de mentiras sostenidas con alfileres. Luciano había logrado mantener la fachada frente a Mateo, pero cada día era más difícil, cada pregunta del niño era un puñal directo al corazón.
Esa noche, la casa estaba en calma. Mateo había cenado temprano y, según la señora González, se había ido a su habitación a leer. Luciano aprovechó para sentarse en el estudio con un vaso de whisky, intentand