Dantes observaba a su hija. Ella era su cachorra, y no tenía duda de ello. Sin embargo, en su mente rondaban preguntas: ¿dónde estuvieron todo este tiempo? ¿Cómo pudo Lirio ocultarla durante tres años? ¿Por qué nunca lo buscó para darle la noticia? Aunque conocía la respuesta a la última pregunta, la molestia lo invadía; Lirio no había sido capaz de confiar en él.
—¿Dónde estuviste? —preguntó Dantes al apartar la mirada de Dafne, quien seguía abrazándolo.
—Tenemos que hablar en privado, no te