El príncipe sintió un escalofrío recorrer su espalda, una mezcla de alivio y anticipación.
—Bien —respondió, su voz resonando con un nuevo vigor—. Procedan a llevarla al calabozo. Yo me encargaré del resto.
El guardia asintió y salió de la habitación, dejando al príncipe solo una vez más. Con cada segundo que pasaba, la adrenalina comenzaba a fluir en sus venas. Sabía que el encuentro con Lorena sería decisivo. Necesitaba respuestas, y estaba decidido a obtenerlas, sin importar el costo.
Mien