Damon
La noche ha caído desde hace tiempo cuando regresamos a la mansión. El silencio es pesado, casi opresivo. Alina camina a mi lado, su rostro tenso, la mirada perdida en el vacío. El peso de las revelaciones de Kael parece recaer sobre sus hombros.
Abro la puerta de mi habitación y la conduzco dentro. Sin una palabra, se sienta en la cama, las manos juntas sobre sus rodillas. Su piel es pálida, y el resplandor dorado de la luna, filtrándose por la ventana, acentúa las sombras bajo sus ojos.