Damon
El silencio reina en el claro después de la partida de Adrian y Caelan. La bruma todavía se aferra a los árboles, como si el bosque mismo contuviera el aliento. Mi corazón late pesadamente en mi pecho, y mis manos aún tiemblan por la rabia que me ha atravesado.
Alina está cerca de mí, su respiración es corta, su mirada fija en el punto donde Adrian ha desaparecido en la sombra. Su mano está en la mía, y me aferro a esa sensación para no hundirme.
— No debiste dejarlo ir, murmura fin