Alina
La noche ha caído, pero el silencio no regresa. La clara está aún impregnada de la sangre de los Desollados, el olor metálico flotando en el aire como una bruma envenenada. Los cuerpos yacen entre las hojas negras, y los guerreros de la manada se mantienen en círculo, jadeantes, los músculos tensos por la adrenalina y la fatiga.
Damon está de pie, en el centro de esta carnicería. Está cubierto de sangre —la de sus enemigos—, pero su mirada es fría, calculadora. Se limpia la cara con el do