Alina
Sus labios rozan mi nuca, desencadenando un escalofrío que recorre mi columna vertebral.
— Ha pasado mucho tiempo desde que no hemos tenido el lujo de la tranquilidad, murmura.
Me doy la vuelta para mirarlo a la cara. Su mirada oscura, aún nublada por el sueño, se posa sobre mí con una ternura cruda. Está sin camiseta, las cicatrices de la batalla aún marcadas en su piel.
— ¿De verdad ha terminado todo? pregunto en un susurro.
Él asiente, sus dedos rozando mi mejilla.
— Sí. Está muerto. L