Después de hablar con Kevin por un largo tiempo a primera hora de la mañana, volví a la habitación sintiendo una sensación desagradable en el pecho. Recordar a Hugo y las constantes amenazas que me había estado enviando en esos días, me hacía sentir nerviosa y al mismo tiempo impotente.
Tenía las lágrimas abultadas en las comisuras de los ojos, pensando cómo podría terminar aquella difícil situación que ya comprometía a mi hijo. Mi pequeño Adem. Las manos me comenzaban a picar de sólo imaginar