—Por favor, déjame participar en el plan —pedí.
—¿Qué? —jadeó Adam, poco a poco su entrecejo se iba frunciendo.
Negó dos veces con la cabeza, se levantó del mecedor y llevó al bebé a la cama, dejándolo acostado en el centro de esta. Volvió al balcón con los brazos cruzados.
—¿Participar? —soltó con ironía—. ¿Sabes la magnitud de lo que me estás pidiendo? —Sus palabras salían de su garganta con dolor.
—Necesito hacerlo —insistí—. Necesito hacerlo, Adam, para poder sentirme tranquila.
—¿Tran