Después de volver a la casa, agotada por el largo día de trabajo, comencé a buscar las llaves de Adam por todo el apartamento, maldiciendo el momento en que acepté dejarlo entrar.
Podía escuchar el ruido de fondo que hacía el televisor de la otra esquina de la sala donde mi madre y mi hermano veían televisión, pasaba en ese momento las noticias de la noche.
—¿Qué tanto buscas? —preguntó mi madre.
—Unas llaves, a Sebastián se le quedaron; o eso es lo que dice —mentí, me agaché para buscar debajo