El baby shower de Natalie y mi hermano Marco terminó sin ninguna novedad. Los ayudé a limpiar para que pudieran irse a casa temprano y descansar. La playa estaba calmada esa noche, el cielo colmado de estrellas y el ambiente tranquilo.
Marco me llevó a casa en el auto, observaba a todas partes, casi como si vigilara. Notaba por el retrovisor que su entrecejo se fruncía. Como estábamos acompañados de Natalie no pudimos hablar sobre la preocupación que a los dos nos atusaba: Hugo.
—Cierra bien la