Mi mirada me delata y Raúl suelta un grito emocionado, llevando las manos a la boca.
—No puedo creerlo, Evie, ¿desde cuándo sabes que estás embarazada?
—Ay, Raúl, tranquilízate —suplico.
—Vale, vale, pero mujer… es que no lo puedo creer, ¿desde qué momento? —insiste—. Tú te la pasas trabajando todo el santo día, ¿en qué momento tuviste tiempo de follarte a un hombre?
Coloco los ojos en blanco y suelto un suspiro.
—Ay, no me digas que ese bebé que estás esperando es del jefecito… —suelta con sum