El dolor aumentó.
Intentó llamar a **Marcos del Río**, pero estaba fuera de cobertura. Miró la bolsa preparada para el hospital y decidió en el acto.
Llamó a emergencias.
No iría a la clínica privada. Iría al hospital público donde pensaba desde el principio.
— ¿En qué estaba pensando, Kazarinova? —tronó el médico en admisión—. ¡Está de cuarenta y dos semanas!
— Pero no tenía contracciones… ni rompí aguas… —murmuró Eva, asustada.
— No hay actividad de parto. Puede que necesitemos cesárea. ¿Qué