La fiebre no bajaba.
**Eva** movió los labios resecos. Tenía una sed insoportable, pero no tenía fuerzas ni siquiera para alcanzar la taza de agua. El té habría sido mejor, claro, pero prepararlo era imposible. Ya había tomado varias pastillas para bajar la fiebre, sin embargo la columna del termómetro seguía subiendo obstinadamente.
Tenía frío. Se cubrió con dos mantas, pero no lograba entrar en calor. Miró el termómetro: 39,8. De pronto imaginó con claridad que su pequeña, dentro de ella, tam