Isaac ajustó el cinturón de seguridad mientras observaba a Gabriel en el asiento trasero. El niño iba emocionado, moviendo los pies con impaciencia.
—¿Falta mucho para llegar, mami? —preguntó con entusiasmo.
María José sonrió mientras conducía.
—No, en cinco minutos estaremos en tu jardín.
Isaac, en el asiento del copiloto, miraba distraídamente por la ventana. Aún no asimilaba del todo la nueva realidad en la que vivía. Apenas unos días antes, había descubierto que tenía un hijo y ahora estaba