Eliana estaba revisando los documentos en su escritorio cuando escuchó el sonido de unos nudillos golpeando la puerta.
—Pasa —dijo sin levantar la vista.
La puerta se abrió y la inconfundible voz de Isaac rompió la tensión en la habitación.
—¿Molesto?
Eliana levantó la mirada y, por primera vez en toda la mañana, permitió que una pequeña sonrisa se formara en sus labios.
—Me asustaste con esa llamada, ¿qué pasó?
Eliana lo miró fijamente, sintiendo una mezcla de frustración y determinación.
—Ya