José Manuel parpadeó.
—¿Qué?
—Es tarde. Ya casi es medianoche. Samuel está cansado, y tú también. Podrían dormir aquí. No tiene que ser nada complicado —dijo, tratando de sonar natural—. Él puede quedarse en su habitación de siempre… tú puedes dormir en el estudio.
José Manuel no respondió enseguida. No porque dudara de la intención, sino porque la propuesta lo tomó por sorpresa. Eliana había sido firme con sus límites desde su regreso. Y ahora… estaba abriendo una rendija.
Samuel, mientras tan