Eliana cerró la puerta trasera con manos temblorosas, como si de pronto el mundo exterior se hubiera vuelto un enemigo mortal. La cerradura sonó con un clic seco que no le dio paz, pero necesitaba fingir fortaleza por ellos.
Gabriel seguía llorando, hecho un ovillo junto al sofá, abrazando con desesperación un cojín que estaba a su lado. Samuel, desorientado por el caos y el llanto, se había sentado en el suelo con la boca entreabierta, mirando fijamente a su Gabriel como si con eso pudiera ent