No prometo nada.
Amanda lo miró con el ceño fruncido, como si él acabara de proponerle que se mudaran a la luna.
Aquello no podía ser posible.
Empezando por lo más obvio. En el apartamento de Ethan debía haber alguien esperándolo, y no era precisamente “bonito” ni “correcto” llevar a tu ex a pasar una tarde “familiar” como si el mundo no existiera.
Peor aún, a Amanda se le helaba la sangre de solo imaginar a Noah cruzando palabra con