No es una segunda opción.
Ethan dejó el vaso de agua a un lado sin terminarlo.
El frío no alcanzaba a bajar nada, porque el incendio no estaba en la garganta, sino en el pecho, en la piel, en esa tensión vieja que Amanda despertaba con una sola mirada, como si lo estuviera retando a ser prudente cuando ya no le quedaba prudencia.
Se levantó despacio y se acercó hasta ella con una calma que podía confundirse con control, aunque en realidad era lo contrario.