Era su oportunidad.
El camino hasta la clínica fue un silencio espeso.
Aaron iba a su lado, con la mirada fija al frente, como si también estuviera apretando algo por dentro. Ethan conducía con las manos firmes en el volante, pero el pecho le latía con violencia, y no era solo por el tráfico ni por el susto.
Era por Noah.
Era por Amanda.
Y era por esa sensación incómoda de estar