Buenas noches, socia.
Amanda apuró el último trago de champagne con la misma disciplina con la que sostenía la sonrisa desde que se sentó en esa mesa. La burbuja le cosquilleó la garganta, y aun así no le calmó el pulso.
Entonces su teléfono vibró sobre el mantel.
Miró la pantalla por reflejo y se le frunció el ceño al ver el nombre.
Aaron.
Por un segundo creyó que era su madre, y el sobresalto le apr