La casa segura se sentía demasiado silenciosa.
No era el tipo de silencio que trae paz o descanso. Era el tipo que se posa sobre el pecho, pesado e inmóvil, como si algo invisible estuviera observando… esperando… calculando. Y listo para atacar.
Me senté en el borde del sofá, mis dedos temblorosos rodeando con fuerza una taza de café que se había enfriado hacía mucho tiempo. No había dado un sorbo en minutos quizá más. Ni siquiera me di cuenta de cuándo mis pensamientos se alejaron tanto del pr