Me llamo David Lura. Soy una mujer alta y hermosa, con largo cabello gris y ojos azules penetrantes. Actualmente, mi vida es un delicado acto de equilibrio, siempre al borde del colapso.Recientemente, me habían despedido de mi antiguo trabajo, donde trabajaba como asistente personal de mi jefe multimillonario. No pasó mucho tiempo antes de que encontrara un nuevo empleo en un bar, donde trabajaba como camarera. Tenía que trabajar turnos triples para pagar la interminable pila de facturas que me esperaban cada mañana.Mi hermana menor, Catherine, había estado en coma durante unos dos años, y el peso abrumador de sus facturas médicas recaía directamente sobre mis frágiles hombros. Esa era la dura e insoportable realidad con la que despertaba cada mañana durante al menos los últimos cinco años, desde que murieron mis padres.Vivía en un apartamento pequeño y estrecho aquí en Queens, en una de las calles más concurridas de Nueva York. La habitación apenas era lo suficientemente grande pa
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