El verano llegó a Valencia con un calor intenso que bañaba los jardines de la mansión Herrera, donde Leo, ahora de dos años, corría entre los naranjos, sus risas llenando el aire. Sofía pasaba sus días coordinando los proyectos sociales de la familia Herrera, mientras Ignacio trabajaba en la base, organizando misiones de ayuda humanitaria en zonas afectadas por la sequía. Aunque la vida era llena de alegría, Sofía seguía sintiendo un vínculo profundo con Burgos, con la escuela militar y el muse