El murmullo en el salón se transformó en un silencio expectante cuando Madison soltó el brazo de Julian y subió los escalones hacia el podio de mármol. Los reflectores la siguieron, bañándola en una luz dorada que hacía que su vestido de seda pareciera estar hecho de obsidiana líquida. Desde allí, Madison tenía una vista panorámica de su victoria: Ethan, hundido en su uniforme de camarero, y Chloe, que se había quedado petrificada cerca de la barra, con el rostro pálido bajo el exceso de maquil