LA CENA QUE CAMBIÓ TODO
A las siete en punto del día siguiente, el timbre de mi puerta sonó con una precisión que ya conocía bien. Cuando abrí, encontré a Dante de pie en el umbral, con un ramo de rosas amarillas — mi color favorito — y una sonrisa nerviosa pero encantadora.
—Espero que te gusten —dijo, extendiéndome las flores—. Me enteré de que son tus preferidas preguntando a Javier. Espero que no te parezca demasiado intrometido.
—Son hermosas —respondí, tomándolas con una sonrisa—. Entra,