La noche del día que salí del sótano, me desperté con el sonido de la luna llena que entraba por la ventana de mi habitación. Mireya había dicho que empezaríamos el entrenamiento — y yo estaba lista. Me levanté con cuidado, sin despertar a Rosa, que dormía en la cama de al lado (habíamos empezado a compartir habitación para sentirnos más seguras). El cuerpo me dolía de las mordeduras y los golpes, pero el fuego en mi corazón era más fuerte que el dolor.
Salí del cuarto y me dirigí al pasillo tr