La primera vez que Luna transformó en loba, tenía tres años. Era una mañana de primavera, con el sol brillando sobre la Montaña del Diablo y el aroma de jazmín llegando desde el valle. Elisa y Lucas estaban en el jardín del castillo, jugando con ella —Luna corría tras una mariposa amarilla, riendo con la voz clara y llena de vida que recordaba a su tía homónima.
—Mamá, papá! —gritó Luna, deteniéndose de repente. —Me siento caliente.
Elisa se acercó rápidamente y la cogió en sus brazos. Sentía e