Ameline y Nataniel estaban en la habitación de Nataniel, con Prissy allí. El celular nuevo y la tablet descansaban sobre el escritorio, aún en sus cajas, símbolos del éxito del plan de la noche anterior. Prissy, con su vestido rosa pálido, estaba de pie junto a la puerta, ajustándose el bolso en el hombro, su rostro mostrando una sonrisa dulce pero cansada.
—Tengo que irme —dijo Prissy, su voz suave pero con un toque de disculpa—. Mi mamá y mis hermanos me están esperando para almorzar. Pero…