El departamento de Bianca, escondido en una zona discreta de la ciudad, era un refugio cuidadosamente elegido para su protección: un edificio anodino, de fachada gris, en un barrio donde nadie hacía preguntas.
El interior, sin embargo, destilaba su gusto por el lujo y el control: muebles minimalistas, cortinas oscuras que bloqueaban cualquier mirada indiscreta, y un espejo grande en la sala que reflejaba su figura mientras paseaba de un lado a otro, sus tacones resonando contra el suelo de mad