Soy una prisionera

El calor del cuerpo de Seth contra el de Ameline comenzó a mezclarse con una sensación de calma que se deslizaba por sus extremidades, como una marea suave que la envolvía.

El sueño la reclamó lentamente, sus párpados pesando más con cada respiración profunda que compartían. Aún abrazada a él, sintió cómo su mente se nublaba, el agotamiento físico y emocional llevándola a un estado de relajación que no podía resistir.

Sus brazos, que lo rodeaban con firmeza, se aflojaron ligeramente, pero no
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