“Esto es todo. No hay vuelta atrás” pensó Ameline, su corazón latiendo con fuerza mientras colocaba los doce mil quinientos dólares en el escritorio del doctor, los billetes apilados en un montón ordenado.
Miró al doctor, sus ojos brillando con una mezcla de nerviosismo y determinación.
—Aquí tiene la primera mitad —dijo, su voz baja pero firme, empujando el dinero hacia él—. La mitad ahora, como acordamos. La otra mitad cuando entregues los resultados que queremos. —Hizo una pausa, respirand