Seth se arrodilló cargando a Ameline desmayada de modo que su cabeza reposara en su hombro, sintiendo tanta preocupación que se sentía al borde de ahogarse.
Ella no se despertaba, la cabeza le estaba colgando floja contra su hombro, la respiración tan débil que apenas se sentía en su pecho. El pánico le subió por la garganta como un nudo que no podía tragar. La sacudió suavemente, con miedo de hacerle daño, y le habló bajito, casi suplicando.
—Ameline… por favor, despierta. Ya pasó todo, ya