Ameline sabía que estaba dejando que sus nervios se le notaran en la cara, pero no podía evitarlo, se sentía atrapada, sin escape.
¿Ya todo se había arruinado? ¿Sería descubierta y le quitarían todo el dinero y además volverían a arrojarla a una celda oscura sin aire fresco ni luz del sol?
—Eh… —Prissy tomó los hombros de Ameline—. ¡E-está hiperventilando! ¡Esto es grave! ¡Tenías razón, Marta, Ameline debe sentarse!
—Ya te lo había dicho, niña, hay que tener cuidado con una embarazada. —Mar