Seth miró a la pequeña Eliza con una sonrisa suave cuando la bebé soltó un bostezo grande y adorable, estirando sus manitas. Rápidamente se giró hacia Ameline y preguntó lo que deseaba en voz baja, casi tímido:
—¿Puedo dormirla yo?
Ameline asintió, aunque con una pequeña risa cansada.
—Sí, claro… aunque no sé si ella te va a colaborar. Mi método siempre fue darle el pecho y dejarla dormirse con el pezón todavía en la boca.
Ambos rieron bajito, compartiendo una mirada cómplice y ligera. Seth