Finalmente

Nataniel la miró como si acabara de caerle un rayo, sus ojos abriéndose de par en par mientras retrocedía un paso más, chocando contra la pared de la habitación.

—¿Qué rayos te pasa, Ameline? —preguntó, su voz quebrándose entre la incredulidad y el pánico, las manos levantadas como si quisiera poner una barrera invisible entre ellos.

Ameline, sin inmutarse, dejó el paquetito de Prissy en la mesa y comenzó a desabrocharse el vestido con dedos firmes, el sonido de la cremallera cortando el aire
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