Capítulo XLV

«A veces las palabras dulces son las más ácidas», decía mi padre cada vez que golpeaba mis tobillos con la espada de madera o cada vez que me derribaba con todo su peso sobre mí. No sé por qué lo recuerdo ahora. ¿Acaso sucederá algo?

Meneo la cabeza y me levanto.

Enrollo la bufanda alrededor de mi cuello y la acomodo mejor sobre mis hombros. La gelidez del invierno se aseveró hace unos días y parece querer permanecer hasta marzo, si es que mi pronóstico no está mal. Me acerco

Annie Löwe

¡Hola, hola! Lamento tardarme muchísimo en actualizar. :c Haré lo posible para no desaparecerme de nuevo, lo prometo.

| Gosto
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