Capítulo LVI

Los habitantes me ven sobre el hombro, escupen al suelo o hacen muecas. Ingiero saliva y hago lo posible para ignorarlos. Paso al lado de los puestos que venden herramientas de cultivo. El mercader me observa con los labios despegados, mostrándome una mueca de hastío. Me detengo en medio del mercado y miro mi alrededor. Todos me contemplan con odio, lástima y rencor. Me estremezco. Siento cómo mis vellos desean salirse de sus poros y huir lejos de aquí. Esas

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