Cuando llegamos a la mansión de Colin, nos sorprendimos de ver varios autos afuera, autos desconocidos y la primita del alma, la tal Martha estaba sentada en una de las barandas de la escalera de mármol de la entrada, fumando un cigarro que apagó en cuanto vió el coche entrando por la rampa del jardín.
—Mira, si hasta nos recibe tu amorcito —resongo con sarcasmo.
—Venga, Alhana no seas irónica que sabes que tú eres la única mujer que deseo —me toca la rodilla y me enfurruño contra la ventanill