Capítulo 27

Cuando llegamos a la mansión de Colin, nos sorprendimos de ver varios autos afuera, autos desconocidos y la primita del alma, la tal Martha estaba sentada en una de las barandas de la escalera de mármol de la entrada, fumando un cigarro que apagó en cuanto vió el coche entrando por la rampa del jardín.

—Mira, si hasta nos recibe tu amorcito —resongo con sarcasmo.

—Venga, Alhana no seas irónica que sabes que tú eres la única mujer que deseo —me toca la rodilla y me enfurruño contra la ventanilla.

Soy una cría y sé reconocerlo pero los celos me pueden.

Bajamos del coche y no hago más que tirar la puerta cuando siento que la grava suena detrás de mí indicando que viene alguien y no necesito girarme para saber de quién se trata.

—Por fin llegas...

La muy víbora le besa en los labios y como no quiero molestarme por algo que es él quien tiene que solucionar, me esfuerzo en dejarlos solos y subo los escalones resignada.

Colin dijo que iba a hacer que todos supieran de lo nuestro, pero no se
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