Estas personas nos observan de manera extraña y me hace sentir ridícula, metida en una familia que no tiene porqué aceptarme y a la que aunque tenga intención inevitable de heredar, yo no pertenezco.
—Te he dicho más veces de las que puedo recordar que no me beses en la boca, Martha —mi benefactor le reclama y la aparta tomándola de los hombros con poca delicadeza.
—Para que te la follas en las noches si luego la vas a rechazar —no es una pregunta lo que argumenta el de los ojos verdes profund