Punto de vista Sofía
El tiempo pasó, y la rutina me abrazó como un frío abrazo, sin compasión. Mis abuelos, los únicos que siempre estuvieron allí para mí, ya no eran los mismos. Mi tata tenía una herida que nunca sano completamente de la última batalla de la manada. Era como si un peso invisible lo hubiera desbordado.
Se había encargado de muchas responsabilidades, no solo las suyas, sino también las de otros, por el bienestar de la manada. A pesar de sus esfuerzos por mantenerse fuerte, no po