Ulva jadeaba. Sus manos apoyadas en el suelo temblaban como si una corriente invisible la recorriera desde el centro del pecho. Fenrir se arrodilló a su lado, tomándola con firmeza por los hombros.
—¿Ulva? ¿Qué viste? ¿Qué fue eso? —Ella levantó el rostro. Tenía los ojos abiertos de par en par, pero estaban nublados, como si aún viera más allá de este mundo.
—No era solo un reflejo. Era un… aviso. Un fragmento de lo que seré. De lo que puedo ser. Y no sé si es una advertencia… o una amenaza. —F